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Vivimos un mundo injusto en su dimensión humana, ecológica y medioambiental. El equilibrio vital de nuestro ecosistema ha sido violado y, en consecuencia, destruido.  "El dinero como fin en nuestra vida o el desarrollo económico como meta colectiva", es el axioma de este tecnocrático sistema de democracia capitalista que nos obligan a vivir. Cada día que pasa, los mass-media del “sistema” y su modelo de sociedad nos invitan a metalizar nuestro corazón atrofiando la sensibilidad y el sentimiento humano resultado de un sistema de usos regido por el imperio del capital, contemplado con ojos comerciales y dirigido por manos que ahogan la vida debido a la presión de los mercados financieros y mercantilistas que consideran las personas y la naturaleza como objetos de explotación y negocio a su servicio.


La finalidad de toda política siempre ha sido el bien común, arribar a la plenitud del ser humano para conocer la verdadera felicidad. Pero el bien común no es la suma de los bienes particulares de cada persona, sino la colaboración, el compromiso, la comunión, la integración en armonía con la totalidad del planeta, con todo ser vivo, todo ente y su medio natural.
Sin embargo, la realidad es otra. Ya no se considera un arte gestionar la vida pública. Tolerancia, paz y serenidad en el diálogo respetuoso son herramientas del político digno, pero, miremos a nuestro alrededor... ¿Qué tipo de dialogo respetuoso se ha empleado para llegar a esta situación de humana injusticia? ¿Qué tipo de sociedad muestra indiferencia ante la barbarie que no respeta la vida ni la belleza en un medio del cual formamos parte? ¿Qué clase de políticos son estos que consienten, mediante sus actuaciones, toda esta penuria y calamidad humana y medioambiental? La palabra política no tiene ningún valor, se ha institucionalizado la mentira incluso a través de magistrados que cubren la infamia con sus togas en nombre de una mayor dimensión de la libertad de expresión en el ejercicio de la democracia... ¿Democracia? ¿Cómo se atreven a mencionar esta palabra? ¡Ya ha agotado toda su credibilidad!

El individualismo domina la vida pública. Autoridad, dominio, imperio... se busca el control total a través de una globalización que se alimenta de la ambición y la diligencia codiciosa de negocios basados en un consumo salvaje carente de cualquier escrúpulo humanitario o ecológico. Así, nos convertimos en víctimas de la vulgaridad, lo anodino, lo ordinario que nos transforma en seres indolentes e insensibles que ocupan todo su esfuerzo en conseguir tal fraudulento y virtual estado de bienestar.
Y desde tan egoísta acomodación, nuestros políticos debaten y arengan entusiasta y continuamente en nombre de un futuro mejor, sin embargo, este nunca podrá llegar, sencillamente porque ni vivimos ni nos dejan vivir el presente. ¡Siempre en la línea de fuga del futuro! ¡Siempre esperando llegar a él! Así lo establece el "sistema, pues el "presente" no le interesa.

Esta tecnocracia instalada en el futuro hace que los políticos vean en la tecnología de consumo la salvación socioeconómica del estado moderno. Están equivocados.
La insolente indiferencia de estos ante las injusticias y la miseria que sufre la humanidad y el planeta, consiente que más de 4000 millones de personas vivan con menos de 2 € diarios; que más de 11 millones de niños mueran de hambre cada año; que hayan 1200 millones de hambrientos mientras más del 60% de los presupuestos de los estados desarrollados del mundo se invierte en armamento. Estos mismos estados consumen casi ¾ partes de la energía del planeta con sus 900 millones de vehículos circulando diariamente, sus 94.000 vuelos de avión diarios y sus industrias, minas, fábricas y centrales nucleares e hidroeléctricas que explotan continua y salvajemente los recursos del planeta a través de multinacionales que cometen genocidios humanos y medioambientales contra pueblos originarios y territorios ancestrales en América del Sur y África en nombre de la tecnología, la modernidad, el progreso y la "calidad" de vida. Todas estas iniquidades no las han provocado los ciudadanos de buena fe, sólo unos cuantos que mandan del mundo y su falsa democracia son los responsables.

"Yo habito este mundo", y esto significa que participo y colaboro en la preservación de su armonía vital, significa que estoy en comunión con todo ente y todo ser, pues formo parte de un todo. Mi estado de bienestar, mi calidad de vida, estará en función del estado de bienestar y la calidad de vida de otros pueblos del mundo. Mi amor por la vida me hace sentir hijo de la madre tierra, me da conciencia y responsabilidad en cada uno de mis actos, me da el grado de humanidad necesario para poder vivir con dignidad y con respeto la vida, su naturaleza, sus culturas, sus pueblos.

Pero la tecnocracia está al servicio del imperio mediático-capitalista y su mercado armamentístico y tecnológico que corrompe todo. La globalización, su inmediatez mercantil y consumista, mantiene todo este sistema socioeconómico donde una oligarquía multinacional configura las directrices de un mundo consecuentemente más deshumanizado e insolidario.

La tecnocracia no tiene una perspectiva humana. Los políticos que la defienden en estas condiciones se equivocan. Se equivoca el socialismo occidental cuando acude, ya obligada y fielmente, a las catedrales del capital para escuchar y poner en práctica sus pláticas de "buen gobierno" a tergo de la ciudadanía y en favor de los mercados. ¡Los pilares del socialismo europeo han caído! Los apóstoles del capital, FMI, BM, OMC, G-7, Bilderberg... han convertido el mundo en un mercado financiero donde las verdaderas políticas progresistas no pueden sobrevivir pagando el mantenimiento de los servicios sociales al precio del mercado capitalista, ¡Todo se ve abocado a la privatización! ¡No hay lucha! Todo se convierte en objeto de negocio. Un socialismo servil del actual sistema no es socialismo.

¿Por qué se quiere homogeneizar todo? Una única norma burocrática, una única moneda, una única lengua, una única cultura, una única forma de ver la religión, la libertad y la paz bajo un único dios personal que así lo justifique.
Se manipula y se controla la voluntad de la persona, que ya no tiene libertad de pensamiento, ni es libre, sino subordinada a merced de la "libertad" que le ofrece el sistema.
Se monetiza todo, se mercantiliza todo en nombre de la democracia y su particular progreso, modernidad, vanguardia, prosperidad, calidad de vida y estado de bienestar que se quiere universalizar por creerse infalible.

Y ante esta certeza hay que defender el "sistema" del enemigo. Pero resulta que el enemigo es aquel que no piensa del mismo modo, aquel que tiene otra visión de mundo, otra manera de entenderlo. Por eso la seguridad nos rodea: está en las calles, los establecimientos, los transportes, los bancos, en nuestras casas, nuestros trabajos... por eso el "sistema" genera criminales de guerra aclamados como grandes hombres de estado defensores de una falsa democracia, garantes de una libertad y de una paz respaldada por guerras que sólo conocen victorias y nunca consiguen la paz. Miles y miles de inocentes mueren en nombre de estas guerras preventivas. Es obsceno, abominable.
Ellos no son terroristas, ni son juzgados por crímenes de lesa humanidad, ni merecen que ninguna persona les lance sus zapatos. La tecnología aplicada a la fabricación de armamento tampoco es un acto terrorista, ni los bancos que compran acciones de la industria bélica con nuestro dinero tampoco colaboran con el terror.
"Ninguna causa en el mundo merece una gota de sangre", pero esto es filosofía, no interesa, no da dinero, ni petróleo, ni coltán, ni tierras para transgénicos...

Sin embargo, cada día llegan más pateras, desheredados que sueñan con un mundo mejor sin sospechar que atracan en la boca de un Leviatán que primero devoró sus tierras y sus recursos naturales y hoy les engullirá a ellos también. No caben en un mundo establecido y manipulado por el imperio capitalista, el mundo de la inmediatez, de la urgencia, de la rapidez y la velocidad creadoras de este modelo de sociedad de consumo, toda una colonización económica y social que asesina las culturas y su diversidad bajo la férula de la unicidad, de la uniformidad que dicta este Leviatán de la falsa paz, libertad y progreso.

Casi ¾ partes del mundo vive entre la pobreza y la miseria desde hace décadas. Nuestra crisis no visita a esta olvidada gente como tampoco llama la puerta de una banca salvada con dinero público, ni a las multinacionales, ni a esos magnates de las finanzas. Los bancos siguen con sus pingües beneficios millonarios mientras el pueblo trabajador se ahoga en el paro esperando... que le salven los mismos que han provocado esta situación, ¡que les salve el sistema!

¡Basta ya!

La única manera de poder transformar este mundo es transformándonos nosotros mismos. La persona, en su individualidad, ha de advertir la realidad que vive e intentar realizar el esfuerzo necesario para poder cambiar sus hábitos, su manera de ver y entender el mundo.

Habrá que hacer frente a esta incitación permanente en pro del consumo por parte de los medios de comunicación y al despotismo tecnocrático en que nos vemos sometidos a través de este sistema capitalista que ha envenenado la sociedad, la naturaleza y el medio ambiente, responsable de la degradación del planeta.

Necesitamos el retorno del equilibrio socioeconómico y medioambiental de los territorios y sus economías primarias. Necesitamos personas honestas e inteligentes que guíen la sociedad con perspectiva humana y con una visión global.

Urgen políticas de sobriedad, de decrecimiento. Urge restaurar los principios y la dignidad humanos. Salgamos, pues, a la calle y gritemos fuerte y claro contra toda esta generación de políticos serviles a los intereses del capital.

¡El pueblo ha perdido su poder y nosotros sabemos cómo recuperarlo!

Salgamos a la calle de este mundo henchido de leyes y falto de justicia para clamar por el derecho de los pueblos, sus tierras y sus culturas. Por los olvidados y desheredados. Por la paz, la libertad, el respeto y la justicia social, por una DEMOCRACIA REAL.

Salgamos con el espíritu del Ché y la actitud de Gandhi a decir que LA CONCIENCIA ESTÁ POR ENCIMA DE LA LEY, A DECIR QUE SOMOS CONSCIENTES DE LA SITUACIÓN DEL MUNDO Y POR ELLO NO LA VAMOS A TOLERAR MÁS.

¡POR LA REVOLUCIÓN DEL ESPÍRITU HUMANO!

Lluís Ronda (Dénia)
Sábado, 21 Mayo, 2011   Enviar esta historia a un amigo  Versión imprimible  

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